
Hace ya casi un año, por causas que no quiero recordar y me prometí no volver a nombrar, empecé una metamorfosis personal, a cambiar, pero no de la manera habitual (yo siempre he estado cambiando, aunque hay quien ha negado ese hecho rotundo) sino de una manera mucho más acelerada, tratando de ser al día siguiente una persona totalmente distinta a la persona del día anterior. No voy a decir las causas pero si las razones, en un principio, las dos primeras semanas, fueron razones sentimentales. Luego, tras contemplar lo totalmente fútil de mis intentos canalicé ese movimiento que había empezado hacia razones personales. Cambiaría por completo solo porque yo así lo quería, para demostrarme que podía, que alguien se había equivocado por completo y por curiosidad, por ver qué tipo de criatura emergería de dicha crisalida. La realidad es que aunque hacía movimientos en cierta dirección no estaba para nada seguro de que finalmente alcanzara la meta soñada, tal vez acabaría en otra distinta o tal vez no había meta.
Al final tengo que darle la razón a mi viejo y difunto amigo A.G.C., esté donde esté. No existen los cambios extremos, no puedes acostarte siendo 100% Alejandro y levantarte siendo 100% Atanvarno (o Beriadadan). Tenía también razón en la coletilla que añadió aquella tarde "sin embargo, si todos los días te esfuerzas cambiarás rápidamente". Inmaduro y orgulloso me negué y siempre quise demostrarle que se equivocaba, que tal cambio radical era totalmente posible.
Durante este año he vivido medio encerrado en mi mismo, en mi crisalida, esforzándome en mi primera metamorfosis, y he de reconocer que la criatura que ha emergido no termina de convencerme. Exteriormente es bastante distinta, adelgacé 22 kilos en seis meses y a partir de ahí empecé a trabajar fuerza y resistencia. Con la gran perdida de peso mi rostro se vio alterado, habiendo aún días en los que no consigo reconocerme en el espejo. He vuelto a dejarme el pelo largo, y ya soy capaz de recogérmelo en una coleta (pequeña pero matona), algo que no hacía desde hacía algo más de tres años.
Interiormente ha habido también cambios, pero de menor cuantía. Digamos que soy más atrevido, osado y sinvergüenza, estoy tomando un cierto tono picaresco. Pero antes no era para nada osado, ni atrevido ni sinvergüenza, era totalmente lo contrario a un pícaro, es decir que si ahora lo soy más ello puede claramente significar que en una escala del 0 al 10 he pasado del 0 al 1 o quizás al 2. No me hecho flores, sigo siendo humilde (demasiado) y reconozco que me falta mucho para el aprobado, aún mucho más para la matricula de honor. Tal vez el cambio más importante haya sido la adquisición de resilencia, de capacidad psíquica de aguantar los golpes de la vida y salir fortalecido. Antes no tenía apenas ninguna y ahora tengo una a prueba de bomba (digamos que he pasado del 1 al 8, casi 9). Recuerdo que los diez primeros días no hubo noche que no empapara la almohada a base de lágrimas, mas ahora hace meses que no tengo bajonas de ese nivel ni hay indicios de tormenta en el horizonte.
Metamorfosis 2.0. Me siento estancado. Sé en lo que tengo que cambiar, más en la parte interna que en la externa, conozco los pasos hacia la meta pero soy al mismo tiempo consciente de su inmensa lejanía, aunque quizás no tanto. Tal vez sea cuestión de no verlo como una cuesta arriba, sino como un acantalido, una caída libre a toda velocidad hacia la meta. Por lo pronto:
- Voy a cambiar un poco mi manera de vestir, dejar la mariconera que fue idea suya y que me sienta como a un cura una sotana rosa, usar más esas más gafas de sol (ver foto al principio) que tan bien me quedan y que son lo bastante claras para que se vean hacia que ojos se dirigen los míos.
- Me voy a esforzar más en el gimnasio. Ya tengo un buen tipito, estoy contento con ese resultado, pero sé que aún puedo mejorar y además todo lo que sea seguir mejorando mi salud es siempre bienvenido.
- Interiormente, intensidad, voy a darle mucha más intensidad a esta manera mía de seguir cambiando, darle más intensidad a mi trabajo, que algunas veces llego y parezco un puñetero zombi o un yonko que no espabila hasta que no se chuta su ración de cafeina, droga legal cuyas dosis voy a reducir significativamente, por salud, por lucir tableta de chocolate y por contradecir a mi nick en youtube (cafefílico). Intensidad a mis actos, a mis palabras, a mis gestos. Aprender de una vez a hablar despacio pero pensar rápido. Intensidad para una vida de duración indeterminada, para no llegar al final arrepentido de no haberla vivida al máximo.
- Desfachatez. Estoy harto de morderme la lengua, que no dejo de hacerme llagas de los bocados que me meto. He hecho pocos avances, pero los suficientes como para ver que no debía tener miedo a una reacción desmedida por las cosas que quería decir, dado que seguramente no se habrían producido y que en caso de producirse lo único que tenía que hacer era ignorar dicha reacción extrema y seguir a lo mío tranquilamente. Este tiempo en
Baratillo Joven, con tantos recitales en los que he participado, me ha hecho ver que me siento muy cómodo, muy a gusto y extremadamente feliz haciendo el payaso, empuñando un micrófono y recitando lo que me da la gana recitar, hacer una broma en relación al contexto (como hice en el homenaje a Benedetti en La Carbonería) o cerrar un acto con un discurso plagado de dobles sentidos y que el público, amigos, se rían conmigo sin pensar en ningún momento que se rien de mi (y si alguien se ríe de mi me da exactamente igual, a estas alturas me importa un carajo la inmadurez de la gente).
- Horario. Siempre me quejo de falta de tiempo, pero ya va siendo hora de desmontar mis propias excusas y usar a tope mi tiempo. Tengo un trabajo que me absorbe bastante tiempo, cierto, pero haciendo la cuenta me sobran horas para hacer lo que me de la gana. Si hago caso a los recientes estudios médicos que afirman que dormir ocho horas es malo y más bien deberíamos apuntar a seis horas... me voy a dormir a las una, me despierto a las siete, escribo o leo una horita, la siguiente hora desayuno, me ducho con tranquilidad y me voy al trabajo, hecho mis primeras cinco horas, luego tengo tres horas para darme caña en el gimnasio o para entretenerme jugando a algo en el ordenador, escribir o atar algún cabo suelto del trabajo, tres horitas más de curro por la tarde y luego cinco horas para seguir a lo mío hasta que me duerma. Total, 6 horas de sueño, 8 de trabajo y 10 para hacer lo que me venga en gana. Aún quitando a esas 10 un par de horas en concepto de desplazamientos, comidas, etc., aún me quedan 8 horas, una jornada laboral entera para dedicar mis esfuerzos en lo que quiera, así que no tengo realmente excusa. Y estoy hablando de un día laborable, mejor no hablar de los fines de semana, aunque esos tal vez debería dedicarlos al siguiente punto.
- Salir más. He pasado un año medio encerrado. Al principio porque no estaba de ánimo para nada. Llevaba a cabo mi metamorfosis porque soy de piñón fijo y una vez que ya había puesto los engranajes en funcionamiento no pensaba pararlos allá me fuera la vida en ello. Pero una vez superado lo peor no tenía excusa para salir más y sobre todo para conocer a gente nueva. Por lo pronto voy a asegurarme de salir todos los fines de semana, y con respecto a ciertas visitas que me esperan para este otoño... esta vez no me haré de rogar. Este otoño no va a ser como el del año pasado, el peor de mi vida, superando incluso aquel en el que A.G.C. murió. Este otoño va ser el mejor de mi vida, hasta que llegue el siguiente y sea aún mejor y luego el siguiente. Yo cambio de canción y a partir de ahora la única época triste de mi vida será la que he dejado atrás. Por delante solo está lo bueno.
- Experimentación. Antes dirigí mis pasos solo en una dirección en concreto. Ahora creo que debería moverme en múltiples direcciones, experimentar con diferentes personalidades, ser cada día un Mister Hyde distinto y quedarme con la personalidad que más me guste, dejando las otras en reserva. Siempre me gustó la teatralidad aunque nunca tuve la voluntad (por no decir los cojones) de interpretar ningún papel aparte del mío. Ahora si lo haré, ya he dicho que me gusta hacer el payaso, me divierto muchísimo, pero también usaré papeles serios cuando la ocasión lo requiera.
- Lo demás. El resto es silencio. Hay muchas cosas en mi cabecita loca que no pienso revelar. Algunos verán lo que no voy a decir en mis actos, los que quieran acercarse. La que quiera más que acercarse, arrimarse, descubrirá aún más secretos, pero otros me los llevaré a la tumba, porque hay lecciones que preferiría no haber aprendido. La sabiduría es un arma de doble filo.
Casi las una, seis horitas de sueño y a las siete a escribir esos tres poemas que tengo pendientes antes de sumergirme en la vorágine que me aguarda en el trabajo mañana. Una noche más me voy a dormir con la intención de despertarme siendo alguien distinto, más fuerte, más resistente, más resilente, más sabio, más maduro y más pícaro. Al despertarme seguramente no habré dado un paso de gigante, sino tan solo otro diminuto pasito de hormiga. Todo sea por seguir desafiándome y contradiciendo a un viejo amigo, estés donde estés...